Arquitectura en El Sur Oeste de Francia

Octubre de 2017, domingo por la mañana, tengo que ir de Beaumont de Lomagne hasta Auch, Alexandra me deja su peugeot y cojo la nacional que pasa por Solomiac, Mauvezaine, Gimont. Como no tenía prisa, decido pararme en la plaza de algunos de los pueblos porqué recordaba de otro viaje las armaduras de madera de tamaño impresionante construidas para alojar los mercados semanales, algunas fachadas bien cuidadas y armónicas. Quería traeros unas imágenes de estos sitios.

 

Siendo amante de las construcciones de antaño, cada vez que me encuentro con un edificio histórico, me paro, lo observo y admiro: su forma, los colores, los materiales, el uso… y después de esa mirada superficial, entro en el alma del edificio y en una especie de trance comienzo a imaginarme en qué circunstancias se construyó, cuantas personas participaron, quien lo diseñó; veo y huelo el heno que comían los mulos, caballos o asnos que acarrearon los materiales, las comidas y guisos que se cocían, la organización de los gremios….las hachas talando esos robles fuertes y el ruido que hacen desde que comienza su desplome hasta tocar con el follaje y la tierra firme. En las plazas de abasto veo las miradas fugitivas de los enamorados buscando con ansiedad la figura de su amad@, el día semanal del mercado. Algun@s niñ@s corriendo por los puestos y robando toda clase de chucherías y l@s más pequeñ@s con sus caras embobadas mirando cuatro calabazas de diferentes colores, forma y tamaño; los olores de los quesos frescos en puestos humildes de unoxuno; las manos curtidas de esas campesinas regordetas y con mofletes colorados; los ojos pacientes de esos viejos que tienen tres artículos de sus huertos, mirándote sin ningún tipo de interés, y cuando te acercas a preguntarle algo te abren la puerta de su huerto y te llevas las hortalizas creyendo que las cuidaste tú mismo; el bar es el lugar por antonomasia para disfrutar del pueblo, ahí los vinos jóvenes calientan las mejillas y algunos puretas más atrevidos siguen danzando bailes occitanos al son de violines y acordeones, para calentar el resto del cuerpo.

Es la tercera vez que vuelvo aquí, las construcciones de varios siglos de edad siguen en pié, algunas muy bien cuidadas, otras en mal estado, hay mucho por rehabilitar, revivir, resucitar. El bien conocido buen gusto de este pueblo hace agradable pasear por las calles y ciudades. Os animo a viajar aunque sea para ver esa cara embobada…..

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